El momento más brillante de la poesía española del siglo XX. Tradición y vanguardia, duende y pureza.
La Generación del 27 constituye uno de los momentos más brillantes de la literatura española. El grupo toma su nombre del homenaje a Góngora celebrado en el Ateneo de Sevilla en 1927, para conmemorar el tercer centenario de su muerte. Aunque algunos prefieren hablar de «grupo» por la ausencia de un líder único y de una técnica homogénea, son muchos los rasgos que los unen.
La mayoría coincidieron en Madrid, en la Residencia de Estudiantes, donde convivieron con figuras como Dalí y Buñuel. Colaboraron en revistas poéticas como Litoral y Revista de Occidente, y compartían un mismo talante liberal y progresista.
La figura más universal del grupo. Funde la tradición popular con las vanguardias, alcanzando su culminación en el Romancero gitano (1928), que mitifica el mundo gitano andaluz. Su estancia en Nueva York (1929-1930) produce un giro radical hacia el surrealismo. Asesinado al inicio de la Guerra Civil.
Parte de obras populares y neogongorinas para derivar hacia el surrealismo y luego hacia la poesía comprometida. Exiliado tras la Guerra Civil.
Conocido como «el poeta del amor». Alcanza su plenitud con una trilogía amorosa de extraordinaria delicadeza e intensidad.
Su obra maestra Cántico representa una poesía esencial y optimista que celebra la perfección del mundo. Es el poeta más «puro» del grupo.
Fusiona romanticismo y surrealismo en una poesía marcada por el conflicto entre el deseo y la realidad, y por su condición de homosexual y exiliado.
Crea una poesía de carácter cósmico y visionario, muy influida por el surrealismo. Premio Nobel de Literatura en 1977.
Evoluciona desde la poesía pura hacia el tremendismo existencial. Su obra de posguerra es un grito desgarrado contra el sufrimiento humano.
Representa la dualidad del grupo: cultiva simultáneamente una poesía tradicional y otra vanguardista creacionista.
También forman parte del grupo las poetas Ernestina de Champourcín, Concha Méndez y Josefina de la Torre.
Lorca renueva la escena española a través de su dirección de La Barraca, teatro universitario que lleva los clásicos por los pueblos de España (1932-1935). Su concepción del teatro como «poesía que se levanta del libro y se hace humana» es revolucionaria.
Sus tragedias rurales combinan tradición y modernidad, simbolismo y realismo, poesía y drama. Los personajes femeninos, sometidos a la opresión social, alcanzan dimensiones míticas. El duende — esa fuerza oscura e irracional que Lorca teorizó — late en toda su obra.
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